Y para aprender.
Esto comenzó así
Fue Max, mi jefe en ese entonces, quien durante un día de primavera, mientras conversábamos un café, me preguntó: “¿escuchaste a Hernán Casciari?” Respondí que no, porque realmente no lo conocía. Con sobriedad, como todo en Max, me sugirió escucharlo. Entonces me compartió algunos cuentos en YouTube, con link y todo.
No se ustedes, pero si el jefe me recomienda algo que conecta con mis gustos personales, en un ámbito distante del profesional, me vuelvo el triple de suspicaz, y no me resulta fácil tomar en cuenta y en serio la recomendación. Por lo mismo me demoré varias semanas en darle play a uno de los relatos que me había compartido. Manejaba del trabajo a casa, y detenido frente a un semáforo, terminé de escuchar el primer relato. Alegría y gratitud, entre la risa y el gusto por la narración oral, sentí que se había abierto un universo nuevo. Una manera alternativa de hacer literatura, en la que estás obligado a leer con el oído, y a sonreír con la mirada.
Los días que siguieron lo escuché como un obsesivo, repetía los relatos que más me gustaban, los que de algún modo me tocaban de manera más íntima. En particular recuerdo que me pegué varias semanas en un cuento titulado “Los consejos de Don Marcos“. A mi manera de ver, sin ser un experto en nada, me pareció una obra magistral.
Tuve la suerte de que un viaje a Buenos Aires, por trabajo, coincidió con un show de Casciari en un pequeño teatro bar llamado Berlina Vorterix, y sin pensarlo mucho, compré un ticket. Decidido, luego de terminar la jornada de trabajo, me fui al hotel nervioso. Dejé mi mochila, tomé una ducha, me arreglé lo mejor que pude, y tomé un Uber directo a un bar en que alrededor de 70 personas escuchamos con atención 3 o 4 historias de Hernán Casciari. No podía creer que fuera posible una experiencia de ese tipo: un puñado de personas escuchando atentas a un hombre que, sentado y solamente con un micrófono en mano, contaba sobre su infancia, o alguna anécdota de su madre, o cuando fue con su mejor amigo por primera vez a Buenos Aires. En mi memoria, dicha experiencia está etiquetada con adjetivos como impresionante, increíble, maravillosa. Estoy seguro de que no son adjetivos exagerados.
Gracias Max por esa recomendación. A veces uno puede equivocarse con los jefes, tanto que éstos pueden convertirse en muy buenos amigos con el tiempo.

Más allá de la literatura
Fueron meses de escucharlo en Spotify o YouTube, de verlo en vivo en Buenos Aires, también en Santiago, ver y escuchar sus entrevistas, leer algunos de sus libros. Entonces comencé a entender que más allá de la literatura, de los cuentos de autoficción, había un estilo de vida, una manera de dirigir un deseo y un talento, de forma virtuosa.
En un comienzo fue su idea de huir de las grandes editoriales, no como una expresión de rebeldía irreflexiva, sino más bien como una propuesta de autonomía y libertad creativa. También como una ventaja para la distribución de su obra, aprovechando internet y el submundo que los blogs conformaron como plataforma para publicar, pero también como una manera de conectar y construir su universo de lectores. Casciari entendió antes que todos sobre el valor de las audiencias, de construirlas y cuidarlas y conectar con ellas, desde una propuesta basada en la sinceridad de la literatura en un blog. Más respeto que soy tu madre, fue un blog que escribió bajó la voz de una mujer adulta. Luego se transformó en una novela de tomo y lomo, real. El blog es del 2003, 22 años atrás.
La idea de autonomía y libertad creativa, en Casciari es también una filosofía de producción artística. No es menor. No olvidar, por ejemplo, que el mecenazgo fue un soporte material determinante para la producción artística en El Renacimiento. Perseverar en la convicción de la autonomía y la libertad creativa, supone comprender al mismo tiempo que el pan de cada día no llegará de una mano benefactora cada fin de mes. Y Casciari entonces, entendió que el valor de las audiencias era también su posibilidad total en la literatura, para subsistir, y no renunciar a sus ideas y principios.
La misma idea de distribución, con la variante del control y la autogestión. Lectores, como soporte de la producción artística.
Deal.
Así publicó sus libros, creó su propia Editorial (Orsai), su propio centro cultural en Palermo, la Escuela Orsai, y algunas Películas que ha logrado producir con el soporte material de quienes creen en él como artista (no como emprendedor, que lo es). Genio.
Sacar al tercero no interesado
Bueno, si llegué hasta acá, ha sido porque hoy escuchando una nueva entrevista de Casciari tuve un momento de revelación. Hernán y su entrevistadora están sentados frente a frente, separados por el ancho de una mesa de color crema, en un set sencillo, con paredes pintadas de color limón, con dos micrófonos y dos vasos de agua sobre la mesa. La cámara lo enfoca solo a él. Parece disfrutar de la conversación, y estar cómodo con las preguntas. Poco después de la mitad de la entrevista, la chica le pregunta sobre la decisión de que la revista Orsai no tenga publicidad. Y entonces, nuestro héroe Hernán Casciari, va a buscar una historia de su infancia, y responde la pregunta con algo como esto: “Cuando éramos niños, comprábamos revistas que leíamos con ansiedad y motivación. Pero siempre ocurría que llegaba un número en que la revista se despedía porque se acababan los sponsors y ya no había más plata para producirla. Esos momentos eran tristes. Desde entonces he pensado en que si hay una grupo de personas que quieren producir contenido, y a la vez hay otro grupo de personas que esperan consumir y devorar ese contenido con ansiedad y motivación, ¿Cómo es posible que se le deje a un tercero, que no le interesa en realidad lo que se produce y lo que se consume, la potestad de decidir/definir si finalmente la revista existe o no?” Simple claridad, no hay realmente un fallo en esa idea -creo. Y prosigue: “entonces cuando decidimos hacer la revista Orsai, dedicada a la crónica, el ensayo, y el cuento, la única condición era que debía ser capaz de existir por si misma, porque existe un público que la quiere leer y un grupo de personas que también quiere producir ese contenido. Conectar unos con otros, sin un tercero condicionante.”
Una idea tan romántica, como improbable. Tanto que la distribución de la revista Orsai es a gusto del lector: gratis o de pago. Claro, porque están todos los números publicados, y se pueden leer en la misma web, se pueden escuchar, y hasta se pueden descargar: ¡Gratis! Sí, completamente gratis. Aunque también se pueden comprar si uno es un lector más “analógico”, de esos que además de leer disfruta del aroma de la hoja, del sonido que se produce al girar una página, de la suavidad de la portada.
Convicción y consistencia incluso en el éxito.
Todo es abierto, todo está disponible. Hernán Casciari ha creado un universo en que lo más importante ocurre en la relación del artista con sus lectores, es desde ahí que todo lo que el artista hace puede amplificarse. Basta mirar no solo su literatura, incluso su propio marketing, en sus emails:

Lo más lindo de todo es que no renunció nunca a la creación, a la escritura. Hizo lo que quiso, como quiso, y le fue bien. Dice que escribir era lo único que realmente sabía hacer, y que a ese talento, le sacó el jugo.
Genio, para admirar y aprender.